Del 30 de abril al 5 de mayo, 27 colaboradores del Centro Pastoral FIDEI se dieron cita en el Centro Misionero San Rafael Guízar y Valencia en Chilapa Veracruz, para celebrar los primeros ejercicios espirituales mixtos de la Institución, siguiendo la metodología Ignaciana.

Alejandro Pinelo, laico consagrado, estuvo como predicador, el P. Pablo González, L.C. e Imelda Limón, consagrada del Regnum Christi, acompañaron espiritualmente a los formadores de las obras de FIDEI: Evangelizadores de tiempo completo, Escuela de la Fe e Instituto Dar.

Se vivieron días en donde los participantes profundizaron en la alegría de la Pascua, contemplando la resurrección de Cristo, que lleva al hombre a una renovación, resucitando en cuerpo y alma en su día a día.

Julio de Jesús García Fernández, miembro de FIDEI, compartió su relato de experiencia durante los ejercicios espirituales:

“Como todo relato personal, debo aclarar que podría mezclar sentimientos pasajeros y verdades a medias, pero trataré de ser sincero con mis palabras.

Unos días antes de llegar a Chilapa, sentía un rechazo por asistir a los ejercicios espirituales debido a ciertas cuestiones de índole personal, pero al final viajé. Probablemente fue el Espíritu Santo el que me empujó para que tomara un autobús mañanero a Orizaba y después a Chilapa.

Cuando llegué a la casa de retiro, sentí un ambiente familiar, ya que conocía a muchos de los asistentes, lo que me dio paz y confort, pero considero que Dios no quería que viviera los ejercicios de una manera cómoda, por lo que fui enviado a un cuarto alejado de todos. Bien dijo Benedicto XVI: “el cristiano no está hecho para la comodidad”.

Los primeros dos días fueron bastante complicados porque no podía concentrarme en mis oraciones, mucho menos callar mis ruidos interiores, por lo que la ansiedad comenzó a aparecer y eso me incitó a hablarle a algunos de mis compañeros. Después de la mañana de tercer día, comencé a ver ciertos frutos de mis súplicas a Dios.

Cuando me centré en vivir los ejercicios espirituales, aprendí la manera de ordenar las afecciones, nociones y sentimientos que me impedían ser libre, y si debo ser sincero, en mí había mucho desorden. Esto me recordó que la vida interior es cómo un jardín que siempre debes darle mantenimiento para que luzca agradable.

Me di cuenta que mi jardín estaba arreglado, pero que tenía raíces de hierba mala (heridas emocionales) que afectaban mi personalidad, así que comencé a remover la tierra para poder arrancarlas. Esta acción ocasionó cierta angustia en mi corazón, la cual se vio reflejada en un dolor de cabeza de varios días.

Considero que tocar las heridas es muy fácil, pero sanarlas no lo es tanto porque al humano le cuesta perdonar y perdonarse. Sin embargo, Dios me ayudó a cerrar pasajes de mi vida que estaban incompletos porque no había sanación.

Después de esta semana, he aprendido que siempre habrá heridas en el corazón de cada ser humano por diversas situaciones, pero que Jesús siempre las sanará con su amor. También aprendí que Dios permite episodios malos en tu vida para que de ahí surja un bien mayor, por lo que mi pasado está en paz.

Si debo resumir mi experiencia, lo haría con una paráfrasis de un micro cuento: Yo era un hombre muy herido y agresivo; todos me decían que debía cambiar, yo quería hacerlo, pero no podía y era frustrante. Dios me dijo que no era necesario que cambiara porque Él me amaba así, y oh maravilla, comencé a cambiar…

Así funciona el amor, así renaces desde tus heridas.”