Uno de los desafíos a los que se enfrenta la vida consagrada en la actualidad es la formación; no solo de las nuevas generaciones, sino de quienes ya emitieron la profesión de los votos. Como lo expone la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en el número 1 de Orientaciones sobre la formación en los Institutos Religiosos: “La renovación adecuada de los institutos religiosos depende principalmente de la formación de sus miembros. La vida religiosa reúne discípulos de Cristo a los que es conveniente ayudar a acoger «este don divino que la Iglesia ha recibido de su Señor y que con su gracia conserva siempre». Por eso las mejores formas de adaptación sólo darán su fruto si están animadas por una profunda renovación espiritual.”

Las personas consagradas necesitan hoy de una preparación que les permita situarse dentro del contexto sociocultural con una identidad significativa y profética. Una identidad vocacional y carismática que sea dinámica y les lleve a ser signos visibles de Dios.

Por ello, la importancia y trascendencia de la formación inicial en la vida consagrada; ya que, es ahí en dónde se ponen las bases para el desarrollo armónico de la identidad de la persona consagrada y que se irá consolidando durante su caminar.

Ante esta visión, el Instituto DAR colabora en la Iglesia como un medio para fortalecer el itinerario de formación de la mujer consagrada y que se traduzca en una renovación y fortalecimiento del ideal de la vida consagrada.

Bajo esta premisa, se llevó a cabo en Guatemala del dos al seis de julio del presente año, el curso para formandas: “Mi alma tiene sed de ti (Sal 63, 2): Introducción a la vida espiritual.”

76 jóvenes pertenecientes a siete diferentes congregaciones y que se encuentran en las etapas iniciales de formación dentro de la vida consagrada, dedicaron cinco días al fortalecimiento de su vocación bajo el acompañamiento del P. Octavio Ventura, L.C., la señorita consagrada Imelda Limón y la Lic. Nadia Lomelí, quienes les proporcionaron las bases para el desarrollo de la vida espiritual de la persona, herramientas y medios para su formación tal como ¿cuál es el sentido y fin de la vida?  y el plan de Dios en sus vidas.

El fin de este acompañamiento, realizado a través de conferencias, talleres, puestas en común y momentos de oración, fue llevar a cada participante a un encuentro con Cristo, que es la fuente, fuerza y fin de todo camino espiritual